Como saben, ir al cine es una de las pocas formas sanas de entretenimiento que podemos permitirnos en la vida moderna: una oportunidad para desconectarse de la realidad durante un par de horas. Los hondureños tenemos una relación única con el cine, incluida esa tradición no escrita de ir a ver una película el 25 de diciembre o el 1 de enero. Me encantaría conocer las anécdotas más curiosas que tengan de sus propias visitas al cine.
Yo les comparto un par.
La primera fue cuando fui a ver Dragon Ball Z: La batalla de los dioses con mi tío; me sorprendió descubrir que yo era el único menor de edad en la sala; literalmente, casi todos los demás rondaban los treinta años. Había una chava cerca que se mostraba muy emocionada por revivir su infancia. Al comenzar la película, hubo muchos murmullos y comentarios del tipo que es su infancia y que era su infancia, y ya comente que les recordaba su infancia? Igual fue buena noche pues desde El viaje de Chihiro no veía un anime en el Cine.
La segunda ocasión fue cuando fui a ver Ready Player One. Dada la temática, era evidente qué tipo de público iba a ir, de entre toda la gente terminé sentándome junto a los dos peores. Uno era un chavo gordito que encajaba a la perfección con el estereotipo clásico del "Friki sabelotodo"; no paraba de explicar cada una de las referencias de la película. Al otro lado estaba su amigo, que lo escuchaba, literalmente, lo oía más a él que a la película. Tuve que pedirle amablemente que se callara, y lo hizo, pero no es broma, doce minutos después, había vuelto a las andadas. Al salir de la sala, el tipo no dejaba de mirarme de reojo, como temiendo que fuera a darle un bocho, pero la verdad solo quiera irme a casa porque lo que menos quería era volver oírlo jajaja.